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Los asesinatos políticos sangrientos en el Imperio romano

El Imperio romano, admirado por sus infraestructuras, sus conquistas militares y su avanzado corpus legislativo, estuvo articulado internamente por una constante violencia política. La autocracia imperial carecía de un mecanismo claro de sucesión constitucional, por lo que el trono pertenecía a quien obtuviera el respaldo del ejército o de la corte palatina. En este escenario de fragilidad institucional, la eliminación física de príncipes, senadores y rivales no fue una anomalía, sino un instrumento recurrente de la política imperial. Desde la conspiración senatorial hasta el golpe pretoriano, los asesinatos políticos marcaron de forma indeleble el destino de la antigua Roma.

ROMA

tio bolas

9/6/202613 min read

El Imperio romano, admirado por sus infraestructuras, sus conquistas militares y su avanzado corpus legislativo, se mantuvo vertebrado internamente por una violencia política sistemática. Desde los albores del Principado instaurado por Augusto hasta el colapso del Imperio romano de Occidente, la eliminación física de príncipes, senadores, generales y rivales dinásticos no constituyó una anomalía ni una ruptura del orden legal, sino que funcionó como el mecanismo no escrito más recurrente para la alternancia, la adquisición y la consolidación del poder absoluto.

La inestabilidad estructural del trono imperial

Para comprender la proliferación de los magnicidios en Roma es indispensable examinar la naturaleza intrínsecamente ambigua de la dignidad imperial. El Principado jamás articuló una ley de sucesión incontestable, objetiva y legitimada constitucionalmente. Teóricamente, el princeps era únicamente el primus inter pares (el primero entre iguales), un magistrado supremo investido con el imperium maius y la tribunicia potestas por delegación del Senado y el pueblo romano.

Al carecer de una norma sucesoria basada puramente en la primogenitura o la legitimidad divina inviolable, la transmisión de la púrpura imperial dependía del frágil consenso entre tres actores clave:

  • El Senado romano: Heredero de la tradición republicana, aunque despojado de su capacidad militar real, conservaba la facultad de legitimar formalmente al nuevo emperador o declararle hostis publicus (enemigo público).

  • Las legiones de frontera: El ejército regular aparcado en las provincias limes del Rin, el Danubio y el Éufrates poseía la fuerza bruta. Un general victorioso respaldado por sus tropas podía reclamar la púrpura en cualquier momento.

  • La Guardia Pretoriana: La guarnición de élite acantonada en la mismísima Urbe. Por su proximidad física al palacio imperial, los pretorianos terminaron convirtiéndose en los verdaderos jueces de la vida y la muerte de los césares.

Esta fragilidad institucional transformó la conspiración política en una herramienta de supervivencia. Cuando un gobernante perdía el favoritismo militar o aterrorizaba a las élites aristocráticas, la vía judicial resultaba inútil; la única salida efectiva era la daga, la soga o el veneno.

La Guardia Pretoriana y la profesionalización del magnicidio

Creada por Augusto como una fuerza de seguridad personal dividida en cohortes para proteger a la familia imperial, la Guardia Pretoriana degeneró en una poderosa facción política autónoma. Bajo el mando de prefectos ambiciosos como Lucio Elio Sejano durante el reinado de Tiberio, la guardia comprendió que la seguridad del emperador era una mercancía negociable.

El primer magnicidio imperial consumado por la Guardia Pretoriana tuvo lugar en el año 41 d.C. El blanco fue el joven emperador Cayo César, más conocido como Calígula. Tras cuatro años de reinado caracterizados por el despotismo, la humillación sistemática del Senado, la dilapidación del tesoro público y la instauración de un culto personal exótico, el tribuno pretoriano Casio Querea organizó una conjura. Querea, víctima constante de las burlas y mofas hirientes del emperador, asestó el primer golpe en un pasaje subterráneo del palacio del Palatino durante los juegos Palatinos. El resto de conspiradores remató a Calígula con más de treinta puñaladas y posteriormente ejecutó a su esposa Cesonia y a su pequeña hija.

El asesinato de Calígula sentó un precedente devastador:

  • Demostró que la Guardia Pretoriana podía deponer violentamente a un emperador de la dinastía Julio-Claudia.

  • Evidenció que el poder de decisión sobre quién ocuparía el trono residía en los cuarteles del Castro Pretorio y no en las bancadas del Senado.

  • Descubrió que los pretorianos exigían cuantiosos donativa (recompensas económicas masivas) para jurar lealtad al nuevo césar, convirtiendo el magnicidio en un negocio inmensamente lucrativo.

El ejemplo más grotesco de esta dinámica aconteció en el año 193 d.C., tras el asesinato del emperador Pertinax a manos de una turba de pretorianos insatisfechos con sus medidas de austeridad fiscal. Tras cortar la cabeza de Pertinax y pasearla en una pica, los soldados abrieron literalmente una subasta pública desde las murallas de su campamento para entregar el Imperio romano al mejor postor. Didio Juliano ofreció la exorbitante cifra de 25.000 sestercios por soldado, comprando el trono imperial a costa de acelerar el estallido de una devastadora guerra civil.

Purgas y conjuras en la dinastía Julio-Claudia

La primera dinastía imperial de Roma estuvo profundamente marcada por la violencia palatina, las eliminaciones sistemáticas de rivales dinásticos y las intrigas de pasillo donde el veneno jugaba un papel tan decisivo como la espada.

Tiberio y la sombra de Sejano

El reinado de Tiberio estuvo dominado por la figura de Lucio Elio Sejano, prefecto del pretorio que aisló al emperador en su retiro de Capri mientras orquestaba la eliminación paulatina de los miembros de la casa germánica. Mediante acusaciones falsas de maiestas (traición), Sejano destruyó a Agripina la Mayor y a sus hijos mayores, aspirantes naturales al trono. Sin embargo, cuando Sejano estuvo a punto de consumar el golpe final para apoderarse de la púrpura, Tiberio reaccionó hábilmente enviando una carta al Senado que desencadenó la detención inmediata y la ejecución sumarísima del prefecto y de sus seguidores.

El trágico final de Claudio

Claudio, quien había sobrevivido milagrosamente a la purga de Calígula por ser considerado un tonto inofensivo, gobernó con considerable eficacia administrativa pero rodeado de conspiraciones constantes. Tras descubrir y ejecutar a su tercera esposa, Valeria Mesalina, por planear un golpe de Estado junto al cónsul designado Cayo Silio, Claudio contrajo matrimonio con su sobrina Agripina la Menor.

Agripina tenía un único propósito: asegurar el trono para su hijo Nerón en detrimeto de Británico, el hijo biológico de Claudio. Según los historiadores clásicos como Tácito y Suetonio, en el año 54 d.C., Agripina suministró a Claudio un plato de setas venenosas (Amanita phalloides) preparado por la famosa envenenadora Locusta. Para asegurar la muerte del anciano césar cuando el veneno pareció fallar, el médico palatino Jenofonte introdujo una pluma impregnada en una toxina mortal en la garganta del emperador con el pretexto de provocarle el vómito. Poco después, Británico fue envenenado durante un banquete público ante la mirada atónita de la corte.

El reinado del terror de Nerón

El propio Nerón convirtió el magnicidio en la herramienta prioritaria de su política interior. Percibiendo amenazas en cada rincón de su entorno, ordenó el asesinato de su propia madre, Agripina la Menor, en el año 59 d.C. Tras un intento fallido de hundir el barco en el que viajaba por el golfo de Nápoles, Nerón envió a sus sicarios a la villa de su madre para rematarla a estocadas.

La creciente deriva paranoica de Nerón provocó la célebre Conspiración de Pisón en el año 65 d.C., una trama compleja que involucraba a senadores, ecuestres, militares y figuras culturales ilustres como el filósofo Séneca y el poeta Lucano. El soplo de un liberto arruinó el plan horas antes de su ejecución, desencadenando una oleada de ejecuciones y suicidios forzados que desmantelaron a la élite intelectual y política de Roma. El descontento acumulado provocó finalmente la rebelión de las legiones provinciales y el suicidio asistido de Nerón en el año 68 d.C., cerrando trágicamente la dinastía Julio-Claudia.

La caída de la dinastía Flavia: El asesinato de Domiciano

Tras la sangrienta turbulencia del Año de los Cuatro Emperadores (69 d.C.), la dinastía Flavia devolvió temporalmente la estabilidad al Imperio con Vespasiano y Tito. Sin embargo, el segundo hijo de Vespasiano, Domiciano, asumió el poder en el año 81 d.C. e instauró un estilo de gobierno marcadamente autocrático, exigiéndole al Senado que se le tratara formalmente como Dominus et Deus (Señor y Dios).

El clima de terror generado por Domiciano, caracterizado por ejecuciones arbitrarias de senadores, incautaciones de bienes y la omnipresencia de informantes (delatores), provocó una conspiración transversal dentro del propio palacio imperial en el año 96 d.C.

La conjura reunió a los hombres más cercanos al gobernante:

  • Domicia Longina: La propia esposa del emperador, que temía por su vida.

  • Los prefectos del pretorio: Petronio Secundo y Norbano, convencidos de que estaban en la lista de futuras víctimas del césar.

  • Servidores palatinos: Encabezados por Estéfano, mayordomo de la sobrina de Domiciano.

Estéfano fingió durante varios días una lesión en el brazo izquierdo para llevarlo envuelto en vendas gruesas, ocultando en su interior una daga afilada. El 18 de septiembre del año 96 d.C., Estéfano logró acceder a los aposentos privados del emperador con el pretexto de entregarle un documento urgente sobre una supuesta conspiración. Mientras Domiciano leía el informe, Estéfano le asestó una puñalada en la ingle. A pesar de estar gravemente herido, el físico atlético del emperador le permitió entablar una lucha feroz en el suelo contra su agresor, hasta que el resto de los conjurados irrumpió en la habitación para rematarlo.

El Senado celebró la muerte de Domiciano decretando formalmente la damnatio memoriae (abolición de su memoria): sus estatuas fueron derribadas, su nombre fue borrado de las inscripciones públicas y sus decretos fueron anulados. Este magnicidio despejó el camino para la elección de Nerva y el inicio de la era de los "Cinco Emperadores Buenos".

El fin de los Antoninos: El strangulamiento de Cómodo

La era dorada de los Antoninos, caracterizada por la adopción del candidato más capacitado para la gestión del Imperio, llegó a un abrupto final cuando Marco Aurelio rompió la tradición meritoria y nombró sucesor a su hijo biológico, Cómodo.

El reinado de Cómodo (180-192 d.C.) supuso el retorno al narcisismo, la megalomanía y la violencia desmedida. Fanático de los espectáculos gladiatorios, Cómodo abandonó la administración de las fronteras en manos de favoritos corruptos como Perennis y Cleandro —quienes a su vez terminaron ejecutados o asesinados en purgas internas— mientras él combatía en la arena del Anfiteatro Flavio disfrazado como el dios Hércules.

Hacia el final de su reinado, Cómodo pretendía asumir el consulado vestimentado de gladiador y redactó una lista negra para ejecutar a los personajes más relevantes de la corte, incluidos su concubina favorita, Marcia, y su chambelán Eclecto. Tras descubrir casualmente el documento donde estaban escritos sus propios nombres, Marcia y sus aliados diseñaron un plan urgente para la noche de San Silvestre del año 192 d.C.

Marcia sirvió un vaso de vino envenenado a Cómodo tras su salida del baño. Sin embargo, el emperador, ebrio y tras un atracón de comida, vomitó gran parte de la sustancia tóxica. Ante el temor inminente de que el césar se recuperara y descubriera el complot, los conjurados recurrieron a Narciso, un joven atleta liberto que ejercía como entrenador personal de lucha de Cómodo. Narciso entró en el dormitorio imperial y estranguló al emperador con sus propias manos.

Los Severos y la espiral insostenible de violencia fraterna

La dinastía Severa llevó las luchas fratricidas y los golpes militares a un nivel de ferocidad nunca visto antes en la historia de Roma.

El fratricidio de Geta a manos de Caracalla

Tras la muerte de Septimio Severo en Britania en el año 211 d.C., el trono quedó en manos de sus dos hijos: Marco Aurelio Antonino (Caracalla) y Publio Septimio Geta. La relación entre ambos hermanos era de un odio visceral insuperable. El inmenso Palacio Imperial del Palatino quedó dividido en dos sectores completamente blindados, con entradas independientes y guaridas armadas para evitar agresiones mutuas.

La madre de ambos, Julia Domna, intentó mediar una reconciliación citando a sus dos hijos en sus aposentos privados para una conversación de paz en diciembre de 211 d.C. Sin embargo, se trataba de una trampa concebida por Caracalla. Varios centuriones afines al primogénito irrumpieron en la estancia y apuñalaron a Geta, quien murió desangrado en los brazos de su propia madre.

Tras consumar el fratricidio, Caracalla desató una purga sistemática en Roma:

  • Más de 20.000 personas sospechosas de simpatizar con Geta fueron ejecutadas sin juicio, incluidos senadores, soldados, sirvientes y figuras de la intelectualidad como el famoso jurista Papiniano.

  • Se aplicó la damnatio memoriae más despiadada de la antigüedad: la cara de Geta fue borrada de todas las monedas, bustos y frescos del Imperio, y la simple pronunciación de su nombre se castigó con la pena capital.

El destino final de Caracalla estuvo a la altura de sus actos. En el año 217 d.C., mientras marchaba en campaña militar contra el Imperio parto, el emperador se detuvo a un lado de la carretera cerca de Carras para hacer sus necesidades fisiológicas. Aprovechando el momento de vulnerabilidad, un oficial de la guardia llamado Julio Marcial, resentido por habérsele denegado un ascenso, se acercó por la espalda y le atravesó el tórax con una daga.

La ejecución de Helioogábalo y el desastre de Alejandro Severo

El primogénito de la casa Severa fue sucedido por su extravagante primo Heliogábalo (218-222 d.C.), quien provocó el rechazo absoluto de las élites romanas al intentar sustituir al Júpiter Optimus Maximus por la deidad solar siria El-Gabal y realizar rituales religiosos percibidos como ultrajantes. Su propia abuela, la influyente Julia Mesa, percibió que el muchacho conduciría a la dinastía al desastre y conspiró para promocionar a su otro nieto, Alejandro Severo.

En marzo de 222 d.C., los pretorianos decapitaron a Heliogábalo y a su madre Julia Soemia en el propio campamento militar, mutilaron sus cadáveres, los arrastraron por las calles de Roma y arrojaron el cuerpo del emperador al río Tíber.

Aunque Alejandro Severo disfrutó de un reinado próspero impulsado por su rectitud moral, su falta de carisma militar y la negociación de tributos con las tribus germánicas enfurecieron a las legiones de la frontera del Rin. En el año 235 d.C., las tropas se amotinaron en Mogontiacum (Mainz) y masacraron a Alejandro junto a su madre Julia Mamea, inaugurando el período más caótico de la historia romana: la Crisis del Siglo III.

La anarquía militar: El magnicidio como rutina política

Entre los años 235 y 284 d.C., el Imperio romano colapsó en un torbellino de guerras civiles, invasiones bárbaras y secesiones territoriales. Durante esta época, conocida como la Anarquía Militar o la Crisis del Siglo III, se sucedieron más de una veintena de emperadores legítimos y decenas de usurpadores provinciales. La abrumadora mayoría de ellos no falleció por causas naturales ni en el campo de batalla, sino masacrados por sus propios soldados.

Emperador / VíctimaAño de MuerteCausa / Método del MagnicidioInstigadores y EjecutoresMaximino el Tracio238 d.C.Apuñalado en su tienda durante el sitio de AquileyaSoldados de la Legio II ParthicaPupieno y Balbino238 d.C.Arrastrados fuera del palacio, torturados y asesinadosGuardia Pretoriana resentidaGordiano III244 d.C.Asesinado tras la batalla de Misiche (o ejecución planeada)Prefecto del pretorio Filipo el ÁrabeFilipo el Árabe249 d.C.Caído en la batalla de Verona / Asesinado por tropasLegiones de DecioTreboniano Galo253 d.C.Motín y asesinato en las cercanías de InteramnaSus propios legionariosGalieno268 d.C.Conspiración militar durante el sitio de MediolanumAltos oficiales de su Estado Mayor (Claudio II y Aureliano)Aureliano275 d.C.Asesinado en Cenofrurio (Tracia) con dagasFalsa lista de ejecuciones creada por su secretario ErosProbo282 d.C.Masacrado por sus soldados en SirmioTropas hartas de realizar trabajos civiles

El caso de Aureliano es emblemático de la paranoia irracional de esta época. Conocido como Restitutor Orbis (Restaurador del Mundo) tras reunificar el Imperio reconquistando el Imperio de las Galias y el Imperio de Palmira, Aureliano era un disciplinario severo. Su secretario privado, Eros, temiendo un castigo por una mentira menor, falsificó una lista con los nombres de los principales generales señalados para ser ejecutados por el emperador. Creyendo que actuaban en defensa propia, los propios oficiales de confianza del césar le tendieron una emboscada en una parada del camino y lo apuñalaron hasta la muerte.

emperadores asesinados
emperadores asesinados

Métodos y tipologías de la violencia política romana

La ejecución de los magnicidios en Roma dependía en gran medida de la extracción social de los conspiradores y del entorno donde se perpetraba la acción.

El apuñalamiento masivo

Rito tradicional reservado para conspiraciones que buscaban legitimidad ideológica o colectiva. Al participar múltiples conjurados clavando la daga en la víctima (como ocurrió con Julio César, Calígula o Domiciano), la responsabilidad penal y moral se diluía entre todos los participantes. Nadie era el único asesino; la conspiración actuaba como un cuerpo colectivo.

El veneno palatino

Herramienta predilecta en las luchas de palacio, especialmente empleada por mujeres de la dinastía imperial o sirvientes que no tenían acceso directo a armas de fuego o espadas dentro de los aposentos privados. Materias tóxicas derivadas del acónito, la cicuta, el arsénico o setas venenosas eran administradas en platos ceremoniales, copas de vino o unguentos corporales.

La violencia callejera y el arrastre de cadáveres

Cuando la Guardia Pretoriana o la plebe amotinada ejecutaban un golpe, la muerte física del emperador era seguida inmediatamente por la profanación simbólica del cuerpo. Los cadáveres de los gobernantes odiados eran desgarrados con ganchos de carnicero, arrastrados por la Vía Sacra y arrojados al Tíber por las Escalas Gemonias, negándoles el funeral de Estado y asegurando su muerte social absoluta.

El legado del magnicidio en la evolución del Estado romano

El recurso incesante al asesinato político transformó irreversiblemente la estructura del Estado romano. Para protegerse de las constantes conspiraciones senatoriales y pretorianas, el emperador Diocleciano reestructuró por completo la naturaleza de la monarquía a finales del siglo III d.C.

Diocleciano puso fin al Principado y fundó el Dominado:

  • El emperador dejó de presentarse como un magistrado ciudadano para convertirse en un monarca absoluto de corte oriental (Dominus), sagrado e inaccesible.

  • Se introdujeron complejos rituales palatinos, como la proskynesis (prostración física ante el emperador), para mantener a los súbditos a una distancia física prudencial.

  • La Guardia Pretoriana fue progresivamente despojada de su poder operativo hasta su disolución definitiva a manos de Constantino el Grande tras la batalla del Puente Milvio en el año 312 d.C.

Pese a todas estas reformas institucionales y sacralizaciones de la figura imperial, la violencia política jamás desapareció del todo. El asesinato continuó siendo, hasta la caída final de Constantinopla en 1453, la sombra más oscura e inseparable del trono de los césares.

Libros recomendados en español

  • Suetonio. Vida de los doce césares. Editorial Gredos. (La fuente clásica fundamental para comprender los detalles de las conspiraciones, caracteres y muertes violentas de los primeros emperadores).

  • Tácito. Anales. Editorial Gredos. (Obra cumbre de la historiografía romana sobre el clima de opresión, intriga palatina y purgas senatoriales durante el Principado).

  • Adrian Goldsworthy. La caída del Imperio Romano: El colapso de una superpotencia. La Esfera de los Libros. (Un análisis pormenorizado sobre cómo las guerras civiles recurrentes y la inestabilidad política dinamitaron el Estado romano).

  • Mary Beard. SPQR: Una historia de la antigua Roma. Editorial Crítica. (Visión moderna e integral que analiza la construcción del poder político y la violencia institucionalizada en Roma).

  • David Potter. Los emperadores de Roma: Gobernantes de la Roma imperial, de Augusto a Constantino. Editorial Pasado & Presente. (Guía rigurosa sobre los reinados, ascensos violentos y muertes de los césares romanos).

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Autor: Roberto Sánchez (robsanpi)

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