
Honorio: el emperador que perdió la ciudad de Roma
Flavio Honorio, el hijo menor de Teodosio el Grande, ascendió al trono del Imperio Romano de Occidente con apenas diez años, inaugurando uno de los periodos más lúgubres de la historia romana. Su reinado (395-423 d.C.) estuvo marcado por la apatía, el aislamiento en Rávena y una alarmante falta de liderazgo militar. Bajo su mandato, la Ciudad Eterna sufrió su primer saqueo en ocho siglos a manos de los visigodos de Alarico. Recordado por ejecutar a su mejor general, Estilicón, y por su supuesta obsesión con sus aves domésticas, Honorio simboliza el trágico declive de un imperio que se desmoronaba irremediablemente.
EMPERADORES
El crepúsculo de una era
La historia del Imperio romano suele medirse por la grandeza de sus conquistas o la magnitud de sus tragedias. Sin embargo, el reinado de Flavio Honorio (395-423 d.C.) representa una categoría propia: la de la parálisis ante el abismo. Honorio no fue un conquistador, ni un gran reformador; fue el testigo presencial, y en gran medida responsable por omisión, del fin de una invulnerabilidad que había durado ocho siglos.
Hijo de Teodosio I, el último hombre que gobernó un imperio unido, Honorio recibió la mitad occidental en un momento de fragilidad extrema. Su mandato no solo coincidió con el colapso de las fronteras del Rin y el traumático saqueo de la Ciudad Eterna, sino que consolidó una forma de gobierno basada en el aislamiento palaciego y la desconfianza hacia los únicos hombres capaces de salvar el Estado. A continuación, desgranamos los pilares de este periodo agónico que cambió para siempre el mapa de Europa.
El legado de Teodosio y la división definitiva
Para comprender el desastre que fue el reinado de Honorio, es imperativo analizar la herencia de su padre. Teodosio I, apodado "el Grande", comprendió que el Imperio era demasiado vasto para ser gestionado por un solo hombre en un contexto de constantes incursiones bárbaras y crisis económicas.
Al morir en el año 395, dividió el mundo romano:
Oriente: Para su hijo mayor, Arcadio, con capital en Constantinopla.
Occidente: Para Honorio, que contaba con solo 10 años, con capital inicial en Milán.
Esta división, que en teoría debía ser una solución administrativa, se convirtió en una fractura geopolítica insalvable. Las dos cortes empezaron a competir por recursos, generales y territorios (como la prefectura de Iliria), mientras los enemigos de Roma aprovechaban la falta de coordinación entre los hermanos para infiltrarse en el tejido imperial.
La era de Estilicón: El último baluarte
Dado que Honorio era un niño, el poder real recayó en Flavio Estilicón, el magister militum de origen vándalo que se convirtió en el protector del joven emperador. Estilicón es una de las figuras más trágicas de la Antigüedad tardía: un hombre de sangre bárbara que luchó con desesperación por salvar un sistema que nunca terminó de aceptarlo.
Las campañas contra Alarico
Durante la primera década del reinado de Honorio, Estilicón fue el muro que contuvo a los visigodos. Liderados por el ambicioso Alarico, los godos se desplazaron desde los Balcanes hacia Italia. Estilicón logró derrotarlos en batallas clave como Pollentia (402) y Verona (403). Sin embargo, estas victorias nunca fueron definitivas. Estilicón solía permitir que Alarico se retirara, posiblemente con la esperanza de utilizar a los godos como mercenarios contra el Imperio de Oriente o como reserva militar, una decisión que sus enemigos en la corte de Honorio tacharon de traición.
El traslado a Rávena (402 d.C.)
Bajo el consejo de Estilicón y debido a la amenaza constante de los invasores, Honorio tomó una decisión que definiría el carácter de su reinado: trasladar la capital de Milán a Rávena. Esta ciudad, rodeada de marismas intransitables y con un puerto seguro en el Adriático, era militarmente inexpugnable. Sin embargo, este refugio se convirtió en la "jaula de oro" de Honorio. Aislado de la realidad de su pueblo, el emperador se dedicó a la burocracia religiosa y a sus aficiones privadas mientras el resto de Italia ardía.
El colapso de las fronteras: El invierno del 406
Mientras Honorio se sentía seguro en Rávena, el destino del Imperio se sellaba en el norte. En la última noche del año 406, una horda masiva de vándalos, suevos y alanos cruzó el Rin, que se encontraba congelado. Las defensas romanas, debilitadas porque Estilicón había retirado tropas para defender Italia, colapsaron.
Este evento no fue una simple incursión de saqueo; fue una migración forzada por el empuje de los hunos en Asia Central. Los bárbaros atravesaron la Galia como un cuchillo en mantequilla, destruyendo ciudades y asentamientos. Honorio, incapaz de enviar refuerzos, vio cómo la Galia y, posteriormente, Hispania, se perdían de facto. La autoridad imperial se evaporó, dando paso a la creación de los primeros reinos germánicos en suelo romano.


La ejecución de Estilicón y el camino al desastre
La relación entre Honorio y su general siempre fue tensa. La aristocracia romana, profundamente xenófoba, odiaba a Estilicón por sus orígenes bárbaros y por sus intentos de integrar a los federados godos en el ejército.
En el 408, tras la muerte de Arcadio en Oriente, las intrigas palaciegas alcanzaron su punto álgido. Un cortesano llamado Olimpio convenció a Honorio de que Estilicón planeaba derrocarlo para poner a su propio hijo, Euquerio, en el trono. En un acto de ingratitud política sin precedentes, Honorio ordenó el arresto y ejecución de Estilicón en Rávena.
"Con la muerte de Estilicón, Honorio no solo mató a su protector, sino que firmó la sentencia de muerte de Roma."
Tras la ejecución, se produjo una purga masiva de soldados de origen bárbaro en el ejército romano. Estas tropas, junto con sus familias, huyeron para unirse a las filas de Alarico, quien ahora no tenía a ningún general de peso que se le opusiera.
El Saqueo de Roma (410 d.C.): El fin de un mito
El evento más definitorio del reinado de Honorio ocurrió cuando Alarico, tras ser rechazado en sus peticiones de tierras y subsidios por una corte de Rávena que ni luchaba ni negociaba, decidió marchar sobre la Ciudad Eterna.
El asedio y la caída
Roma ya no era la capital administrativa, pero seguía siendo el símbolo espiritual del mundo. El 24 de agosto del 410, las puertas de la ciudad se abrieron. Durante tres días, los visigodos saquearon los tesoros acumulados durante siglos. Aunque Alarico, siendo cristiano, ordenó respetar las basílicas de San Pedro y San Pablo, la violencia fue extrema y el impacto psicológico, devastador.
La reacción de Honorio: El incidente del pollo
Es aquí donde la historia (o la leyenda de Procopio) nos ofrece la imagen más patética del emperador. Se cuenta que cuando un mensajero le anunció que "Roma había perecido", Honorio comenzó a llorar desconsoladamente, pensando que se referían a su gallo favorito, al que había llamado "Roma". Al aclararle que se trataba de la ciudad, el emperador suspiró aliviado. Esta anécdota, sea real o no, refleja la percepción que sus contemporáneos tenían de él: un hombre desconectado de la gravedad de su cargo.
Gala Placidia y la supervivencia del Imperio
Tras el saqueo, la figura central del reinado no fue Honorio, sino su hermana, Gala Placidia. Capturada por Alarico como rehén, Gala representó la resiliencia romana. Se casó con Ataúlfo, sucesor de Alarico, intentando una unión entre la sangre romana y la gótica que pudiera estabilizar el imperio.
Eventualmente, Gala regresó a Rávena y se casó con el general Constancio III, el único hombre que logró estabilizar brevemente las provincias galas e hispanas antes de su prematura muerte. Honorio, sin hijos y cada vez más paranoico, terminó peleándose con su hermana, quien tuvo que huir a Constantinopla con su hijo, el futuro Valentiniano III.
Política religiosa y el fin del paganismo
A pesar de su ineficacia militar, Honorio fue un emperador extremadamente activo en el ámbito religioso. Siguiendo la estela de su padre, persiguió con saña lo que quedaba del paganismo:
Prohibió definitivamente los sacrificios paganos.
Ordenó la destrucción de templos o su conversión en iglesias.
Abolió los combates de gladiadores en el Coliseo (404 d.C.) tras la muerte del monje Telémaco, quien intentó separar a los luchadores.
Para Honorio, la unidad del Imperio dependía de la unidad de la fe católica. Sin embargo, mientras se preocupaba por los dogmas teológicos, perdía provincias enteras ante reyes bárbaros que, irónicamente, solían ser cristianos arrianos.
Balance de un reinado sombrío
Honorio murió en el 423, tras 28 años en el trono. Su legado es el de un Imperio fragmentado:
Britania: Abandonada a su suerte en el 410.
Galia e Hispania: Repartidas entre visigodos, suevos y vándalos.
África: A las puertas de la invasión vándala.
Fue un emperador que sobrevivió físicamente a todos sus enemigos, pero que dejó morir al Estado que juró proteger. Su pasividad no fue solo falta de carácter, sino una ceguera política que prefirió la seguridad de los muros de Rávena a la responsabilidad de liderar un pueblo en crisis.
Libros recomendados sobre Honorio y su época
Para profundizar en este fascinante y terrible periodo, te sugiero las siguientes lecturas en español:
"La caída del Imperio Romano" - Peter Heather. Una visión moderna sobre cómo las migraciones bárbaras y la ineficacia política destruyeron Occidente.
"Estilicón" - José Soto Chica. Una biografía imprescindible sobre el general que pudo haber salvado a Roma si Honorio se lo hubiera permitido.
"Gala Placidia" - Lidia Recistano. La vida de la mujer que sobrevivió al saqueo y gobernó desde las sombras.
"El saqueo de Roma" - Javier Arce. Un estudio detallado sobre los sucesos del 410 y su impacto en la mentalidad de la época.
"Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano" (Vol. II) - Edward Gibbon. El gran clásico que, aunque antiguo, narra con maestría la ineptitud de la corte de Rávena.







